El juzgado de lo Penal número tres de Jaén ha condenado a dos años y tres meses de prisión a la única persona que finalmente quedó imputada por la trama de concesión de permisos de residencia de forma irregular.
Fuentes judiciales consultadas por Europa Press detallaron que los hechos se desarrollaron entre los meses de enero y octubre de 2004, periodo en el que Rachid A. convenció a un "considerable número" de súbditos marroquíes para que estos le entregasen distintas cantidades de dinero, que oscilaban entre los tres mil y los seis mil euros, a cambio de que les regularizara su situación legal y administrativa en España con permisos de residencia y trabajo.
Para convencerles, el condenado utilizó el "ardid de atribuirse y alardear de una falsa e inexistente posibilidad de influir" en el jefe de la Oficina de Extranjeros de Jaén --persona que estuvo implicada inicialmente en este proceso judicial, si bien la causa abierta contra él se archivó-- y, bajo esta estratagema, hizo creer a las víctimas que con su mediación podían conseguir la regularización.
Ante estos hechos, el juzgado le condenó por un delito continuado de estafa a la pena de dos años y tres meses de prisión. Para ello, fundamenta que los cuatro testigos protegidos que declararon en la vista oral coincidieron en declarar que Rachid A. les dijo que podía conseguirles los permisos de residencia y que incluso a tres de ellos les exigió dinero para llevar cabo esa promesa.
Además, la magistrada sostiene que en la conducta del Rachid A. "ha de estimarse de cierta gravedad", habida cuenta de las relaciones de confianza entre él y los compatriotas estafados así como el quebranto económico que les produjo "al obligarles a desembolsar cantidades importantes para personas con escasos o nulos recursos económicos", a lo que se suma la "frustración de sus expectativas por no obtener finalmente sus recursos". Por ello, también le condena a que indemnice al testigo protegido número uno con 4.000 euros, al número seis con 2.700 euros y al número siete con mil euros.
En el juicio, que se celebró el pasado día 1, Rachid A. defendió su inocencia e insistió en que nadie le pagó cantidad alguna para que tramitara sus documentos. Se definió como un hombre simpático y con recursos, con lo que otros compatriotas acudieron a él para que les ayudara a encontrar trabajo, pero recalcó que en ningún momento le pagaron por conseguir sus permisos.
Además, el procesado apuntó que las denuncias presentadas contra él pueden deberse a una venganza de aquellas personas que no consiguieron regularizar su situación. "Nadie es tan tonto que me va a dar dinero a mí por mi cara bonita", exclamó Rachid A. cuando le preguntó la magistrada si quería añadir algo más a lo dicho durante la vista y concluyó preguntando retóricamente que si los denunciantes son "tan tontos" como para incurrir en esa acción.